Prólogo E Introducción

Elaño1991 ha sido declarado por la UNESCOAño Internacional de Yunus Emre. Con motivo del 750 aniversario del nacimiento de este eminente poeta turco que vivió en Anatolia hace siete si­glos, el Ministro de Cultura de la República de Turquía, con la cooperación de la UNESCO, ha emprendido una serie de activida­des culturales tanto dentro del país como en el extranjero. Entre las actividades proyectadas figuran la publicación de una antología de Yunus Emre en todas las lenguas modernas, así como la reali­zación de conciertos, concursos, exposiciones de libros, artes de­corativas, fotografías, representaciones de obras dramáticas, y también la producción de una película.
Desgraciadamente, los pocos datos concretos de la vida de Yunus Emre de que disponemos se reducen a dos fechas: se sabe con certeza que escribió su obraRisalet-ün Nushiyye (El opúsculo de los consejos) en 1307 o 1308 (707 de la Hégira), y que murió en 1320 o 1321 (720 de la Hégira) a la edad de 82 años, de lo que se deduce que nació en 1240 o 1241 (638 de la Hégira). Así es que Yunus Emre vivió al final del siglo XIII y principios del XIV.Esta época coincide con el final de los turcos selyúcidas y el reina­do de Osman Gazi, primer sultán otomano. De hecho, es posible encontrar algunos datos sobre la exactitud de las fechas en las poesías de Yunus Emre, ya que cita a algunos poetas contemporá­neos (Mevlána Celáleddin Rumi Ahmed Fakih, Geyikli Baba y Seydi Balum).
Tampoco se sabe con certeza dónde nació y vivió. Todo lo que sabemos de él lo deducimos de su poesía, según la cual se entiende que no era un simple derviche andante, ya que sus com­posiciones precisan de una cultura amplia. Posiblemente estudió en unaMedresa (escuela teológica superior) y más tarde fue ins­truido en el convento de Tapduk Emre, su maestro espiritual.
Yunus se valió en su poesía de la filosofía deltasawuf (misti­cismo islámico), basado en la idea devahdet-i vücüd (unión del cuerpo). El mundo material es la imagen de Dios en la inexisten­cia. Los atributos del Dios único fueron difundidos a todos los seres animados e inanimados, y solamente en el humano existen todos los atributos de Él. Por consiguiente, el hombre que posea todas las características de la fuente divina será el ser más perfecto y honrado del universo. Por esta razón, el ser humano debe, ante todo, conocerse a sí mismo y ser consciente de que posee rasgos sublimes y, por tanto, debe ser merecedor de la fuente de donde procede.
Yunus Emre aplicó en su personalidad todos los valores mora­les deltasawuf y de la religión; inculcó éstos a toda la Humanidad recorriendo toda Anatolia, tratando de aliviar las penas y afliccio­nes del pueblo. Cuando nació, Anatolia sufría crisis políticas, in­vasiones y turbulencias. Durante esta época los selyúcidas de Ana­tolia habían perdido el poder político, cayendo bajo el yugo mon­gol. El enorme peso de los tributos que se pagaban a los invasores asiáticos agobiaba al pueblo, y su vida era inaguantable debido a las luchas internas, guerras religiosas, opresión de los gobernantes, y la pobreza. El pueblo, que no podía encontrar la tranquilidad y paz que necesitaba en este mundo, las buscó en eltasavvuf \difun­dido ya en Anatolia durante el siglo XIII, ampliado por los pensa­dores y sabios islámicos, entre los que destacan Mevlâna Celâled- din Rumi, Sadreddin Konevi y Necmeddin Dâye. Sin embargo, el misticismo había penetrado en Anatolia mucho antes, durante los siglos XI y XII, por los derviches de Ahmed Yesevi (pensador religioso turco), provenientes de Asia Central, dentro de las tribus turcas emigradas a Anatolia. Los derviches y sabios enseñaban al pueblo el pensamiento místico deltasavvuf,sobre todo en cuanto a aguantar las dificultades de la vida en este mundo tan cruel.
Toda la vida de Yunus Emre está envuelta en leyendas; según éstas Yunus era un pobre campesino que se dedicaba al cultivo de la tierra en su aldea. Un año, debido a la sequía, la cosecha fue insuficiente. En aquel tiempo vivía en Sulucakarahöyük (un pue­blo hoy cercano a la provincia de Kirşehir) un santo llamado Haci Bektaş (fundador de la orden religiosa de los Bektaşi); este hom­bre dirigía un convento donde instruía a sus discípulos en el mis­ticismo, era muy generoso, siempre ayudaba a los pobres o a los que estaban en apuros.
Yunus decide acudir a aquel hombre venerable para pedir tri­go, pero en lugar de ir con las manos vacías, recoge nísperos en las montañas y llega con su carro de bueyes al convento. Yunus entrega los nísperos a los discípulos del santo, y en su lugar pide trigo. Haci Bektaş le hospeda por tres días, al cabo de los cuales, cuando Yunus se dispone a marchar, el santo dice a sus alumnos:
—Preguntadle si quiere el trigo o elnefes(inspiración). Si quiere puedo darlenefespor cada una de las pepitas de los níspe­ros que ha traido.
Pero Yunus tiene mujer e hijos que alimentar; por esto no le interesa tener la inspiración y rehusa. —Bueno, responde el san­to—, despedidle y llenad su cairo con todo el trigo que pueda transportar.
Yunus sale al camino para volver a su casa, pero está inquieto, siente remordimientos por no haber aceptado la inspiración que le ofreció aquel hombre sublime, y piensa: «¿no sería conveniente tomar la inspiración en lugar del trigo, puesto que éste se acaba pronto y aquella dura hasta la muerte?»
Yunus vuelve al convento y le dice al santo:
—Perdonad mi ignorancia, maestro; estoy dispuesto a recibir la inspiración.
Sin embargo, Haci Bekta§ le dice:
—Hemos entregado la llave de este asunto a Tapduk Emre; si quieres puedes acudir a él.
Yunus camina durante algunos días hasta la morada de Tapduk Emre. Y al explicarle la situación, él responde:
—Bueno, trabaja aquí, esfuérzate, y a final la recibirás.
A Yunus le dan el deber de recoger leña en el bosque. Cumple su deber durante años llevando al convento leñas ni húmedas ni torcidas. Un día su maestro le pregunta:
—¿No hay en el bosque ni una ramita torcida?
—Sí, hay muchas, pero por tu puerta no puede pasar ni siquie­ra una ramita torcida.
Yunus le sirvió durante 40 años. Un día, en una reunión de sabios, Tapduk se dirigió a él diciendo lo siguiente:
—Ha llegado ya el momento de abrir el candado de ese tesoro; te hemos dado lo que necesitabas; empieza a hablar.
A partir de ese tiempo empezó a derramar perlas de su boca, llegando al culmen de su creatividad:
«En los lugares a que llegamos, en los corazones puros, la lírica del Padre Tapduk esparcimos, gracias a Dios. A la sombre de Tapduk, en su puerta servimos. Yunus, el Místico, verde estábamos, gracias a Dios, ya maduramos.»
Según otra leyenda, Yunus, harto de recoger leña tanto tiempo sin conseguir la santidad e inspiración, huye de la casa de Tapduk. Después de vagar algunos años por los bosques y montes, quiso volver a su maestro. Pero le inquietaba que el maestro estuviese enfadado o le hubiese olvidado. Cuando llegaba al convento, vio primero a la esposa de su maestro y le explicó su inquietud. Ella le dijo:
—Oh, Yunus, los ojos de tu maestro no ven ya. Sólo percibe con su corazón. Por la mañana, cuando se levante, échate en este umbral; cuando sus pies te toquen preguntará: «¿Quién es?», y entonces le responderé: «Es Yunus». Si él dice: «¿Es nuestro Yu­nus?», entenderás que no te olvidó; pero si dice: «¿Qué Yunus?», entonces no te quedará más remedio que marcharte.
Hizo lo que su esposa dijo. Gracias a Dios el ilustre maestro no había olvidado a su querido discípulo, y preguntó:
—¿Es nuestro Yunus?
Entonces Yunus, llorando, se echó a los pies de aquel venera­ble hombre.
Los que vieron su devoción en el trabajo de llevar leña durante tantos años le calumniaron diciendo que estaba enamorado de la hija de Tapduk. Esta muchacha era muy hermosa y poseía una voz fascinante; cuando recitaba el Corán, incluso los animales se paraban a escucharle. Tapduk, para probar a Yunus, quiso casar a su hija con él, pero Yunus no se creía merecedor de una muchacha tan buena y tan bella, y prefirió vivir castamente hasta su muerte.
Según otra leyenda que se cuenta, Yunus escribió tres mil poe­mas. En aquel tiempo vivía un devoto fanático llamado Molla Kasım, quien malinterpretaba los poemas de Yunus escritos sobre el amor divino. Molla Kasım, sentado a la orilla de un río, quemó mil poemas y tiró mil más al río. Pero cuando intentaba tirar al agua uno de sus poemas, vio que éste Yunus lo dedicaba del si­guiente modo:
«Yunus, no digas estas palabras de manera torcida, quizás un día te censure Molla Kasım».
Al ver este poema, Molla Kasım se dio cuenta de que Yunus era un hombre que había llegado a la perfección, o sea, a la santi­dad; arrepentido del daño que había hecho, guardó otros mil poe­mas. Sin embargo, según la creencia popular, aquellos dos mil poemas no fueron destruidos: mil fueron al cielo, en donde los ángeles los recitan, y los otros mil echados al agua, los leen los peces; en cuanto al resto, los leemos nosotros.
Es evidente que estas leyendas no pasan de ser el producto de la imaginación del pueblo de Anatolia, que veía en Yunus a uno de los suyos, ya que bajo la luz de los últimos documentos sumi­nistrados por los investigadores (aunque no totalmente probados) existen indicios de que Yunus era un hombre que gozaba de una posición económica bastante elevada que le permitía instruir y mantener a sus discípulos en su propio convento. Él mismo nos da datos personales en su poesía, de la cual deducimos que se casó dos veces, tuvo dos hijos y llegó a una edad bastante avanza­da. Probablemente la primera mujer de Yunus murió muy joven, pues en algunos de sus versos percibimos una compasión hacia las jóvenes difuntas o recién casadas:
«mas un día será polvo sin duda
como aquella recién casada.»
Aunque de la vida de Yunus Emre quedan muy pocos datos concretos, de él tenemos dos importantes obras:Risalet-ün Nushiyye y elDiván. La primera es un largo poema didáctico escrito en formamesnevi, en el que Yunus quiere explicar que el ser huma­no está compuesto por cuatro elementos en conjunto con el alma, los cuales son fuego, aire, agua y tierra; y todos juntos contribuyen a la formación del carácter del hombre. La tierra es el símbolo de la paciencia, del buen temperamento, la fe en Dios, la benevolen­cia, y la caridad hacia el prójimo; el agua representa la generosi­dad, la pureza, la nobleza y la unión con Dios; el aire simboliza la falsedad y la ostentación; y el fuego es la fuente de la vanidad,